Tirando del hilo

Cada noche, las Moiras, reunidas alrededor del huso, van tejiendo el destino. La joven Cloto teje el hilo de la vida del hombre; la maternal Láquesis lo devana, y la vieja Átropos quien lo corta.

CLOTO: ¿Está ya todo preparado? ¿Has terminado de medir y devanar?
LÁQUESIS: Ya falta muy poco… ¿Qué vas a hacer con él?
CLOTO: No estoy muy segura, pero es un buen hilo, sin duda que le hará juego con todo. Quizá un poeta con una bonita bufanda, o un pescador con su jersey especial de lana, o un cazador con sus calcetines gruesos. Le haré algo bonito…
ÁTROPOS: No es que me gusten mucho los principios. Son un barullo de maraña sin tejer. Prefiero un buen final. Con un final, sabes donde pisas.
CLOTO: Uno del derecho, dos del revés…
LÁQUESIS: El principio no es ningún barullo… son piezas únicas, nunca vistas y nunca vueltas a ver.
ÁTROPOS: Al final siempre se quejan: no les gusta el corte; demasiado ancho… o estrecho… o diferente… o parecido. Nunca es lo que quieren y si les damos lo que creen querer todavía les gusta menos. “No pensé que sería así”… ¿Por qué nos molestamos?
CLOTO: Porque no tenemos elección…

Cada noche, sobre una urdimbre inmutable -urdimbre como el universo y todas las posibilidades- se va entrelazando una trama variable -trama como el yo y mis decisiones. Tejer, crear… el destino se va tejiendo con cada paso de un hilo sobre otro.

ÁTROPOS: ¿Y bien?, ¿va a durar mucho?
CLOTO: Mmm… creo que será mayor de lo que tenía pensado…
LÁQUESIS: No importa, será cuanto haga falta

Cada noche, Penélope desteje lo que ha tejido durante el día, para mantener el mayor tiempo posible el tejido en elaboración. Combate contra las Moiras en su negativa a cortar el hilo final, en un intento de regresar a un estado original y completo de las cosas, negando el tiempo… Sin embargo, no se puede luchar contra las Moiras, temidas hasta por los dioses.

ÁTROPOS: Siempre tarda más de lo que se cree ¿verdad?
LÁQUESIS: Está ocurriendo. Muy lento, pero está ocurriendo.
CLOTO: Ojalá estuviera segura de hacer lo correcto

Cada noche, Odiseo descansa de su viaje de vuelta a casa. Su travesía va trazando un hilo que Penélope no puede tejer. Su odisea va creando un manto lleno de nudos entretejidos con otros hilos que va encontrándose. Como el hilo de Calipso… ¡Cuánto le habría gustado a Penélope destejer ese lazo! pero ella sólo podía destejer lo que ella había ya tejido.

LÁQUESIS: Ya casi
ÁTROPOS: Falta muy poco

Cada noche, me arropo con la manta que he ido tejiendo durante el día. En mi interior tengo por corazón un ovillo de hilo invisible que se va liberando para crear una cartografía; un mapa invisible donde cada lugar produce una respuesta física. Se va liberando para enredarse en cada accidente del terreno, resonando notas como la cuerda de un piano al ser martilleada. Por eso, cada noche, para que el olvido no actúe como Penélope destejiendo, tiro del hilo y transcribo los sonidos, las palabras y las imágenes que se han ido enmarañando en él. Así, consigo crear una partitura, un mapa que me ayude a no estar perdido in-situ… lost on-site…

ÁTROPOS: Bien. Se acabó.
CLOTO: Sí… ¿Al final qué hemos hecho? ¿Qué ha salido?
LÁQUESIS: Lo que siempre es. Un puñado de lana; tejer y coser; algún bordado quizá. Algunos hilos sueltos, pero eso es de esperar. La misma historia de siempre… Da igual lo que tengas intención de hacer al empezar a hilar, tejer o coser; si llegas hasta al final siempre acaba siendo una mortaja.
ÁTROPOS: No importa. Para bien o para mal, se acabó.

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