Cuando la religión construyó su arquitectura

ARQUITECTURA RELIGIOSA EN BURGOS

1. MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LAS HUELGAS

El monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas es un monasterio de la congregación de monasterios de monjas cistercenses de San Bernardo. Fue fundado en 1189 por el rey Alfonso VIII de Castilla. Se encuentra al occidente de Burgos, en un terreno llano que antiguamente estaba ocupado por prados y que era conocido como “Las Huelgas”. Existía un pequeño palacio en estos terrenos donde está ubicado el monasterio, del cual se conservan algunos pequeños vestigios. El lugar fue elegido por el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantagenet para levantar un monasterio cisterciense femenino que se fundó en Junio de 1187.

Fue la reina Leonor quien puso mayor empeño en conseguir esta fundación con el fin de que las mujeres pudieran alcanzar los mismos niveles de mando y responsabilidad que los hombres, al menos dentro de la vida monástica. Elevaron al papa Clemente III la petición para fundar y consagrar el nuevo monasterio, petición que fue concedida de inmediato. Los reyes donaron cerca de cincuenta lugares cuyas tierras constituyeron desde el principio un importante patrimonio que se multiplicaría con el tiempo. Se conserva la carta fundacional del rey que empieza diciendo: Yo, Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Castilla y Toledo, y mi mujer, la reina doña Leonor…

Cîteaux otorgó a este monasterio el derecho a instituirse como matrem ecclesiam equiparándose así al gran monasterio francés de Fontevrault. En 1199 se convirtió definitivamente en casa madre de los monasterios femeninos de Castilla y de León.

La vida del monasterio dio comienzo con un grupo de monjas que llegaron desde el Monasterio de Santa María de la Caridad de Tulebras (en Navarra), donde existía desde 1157 el primer monasterio cisterciense femenino de la península. Las dos primeras abadesas fueron la infanta de sangre real Misol (o Mariasol) y la infanta Constanza, hija de los reyes fundadores.

La abadesa de Las Huelgas llegó a disfrutar de una autonomía y poder tan elevados que sólo dependía del papa y estaba por encima de la curia episcopal. La abadesa, como mujer, no podía confesar, decir misa ni predicar, pero era ella quien daba las licencias para que los sacerdotes hicieran estos trabajos. La concesión era dada en nombre de Dios y de la Sede Apostólica. Era dueña de un señorío material y un señorío jurídico. El señorío material estaba compuesto por unas 54 villas, numerosas tierras y molinos, y exenciones fiscales de pontazgo, portazgo y montazgo.

El señorío jurídico tenía su propio fuero, cuyas leyes en el tema civil y criminal dirigía y vigilaba la abadesa. Podían nombrar alcaldes y ejercían su jurisdicción sobre un buen número de monasterios cuyas abadesas eran nombradas por la abadesa de Las Huelgas. Todos los privilegios se mantuvieron intactos a través de los siglos hasta el siglo XIX, en que fueron suprimidos por el papa Pío IX.

Durante la Edad Media, en este monasterio se llevaban a cabo ceremonias tan importantes como las de coronar reyes y armar caballeros. Entre los caballeros armados antes de ser reyes figuran Fernando III el Santo, Eduardo I de Inglaterra, Alfonso XI de Castilla y de León, Pedro I el Cruel (que además nació en la torre defensiva del edificio) y Juan II. Los reyes coronados aquí fueron Alfonso XI y su hijo Enrique II de Trastámara. También tuvo gran importancia como panteón real y de nobles, con magníficos sepulcros, muchos de los cuales fueron profanados durante la Guerra de la Independencia Española.

En la actualidad este monasterio está gobernado por monjas cistercienses. Tiene diez habitaciones preparadas para retiro espiritual de mujeres que lo soliciten. La abadesa actual no tiene mandos ni privilegios especiales civiles ni jurídicos. Tanto ella como la comunidad de monjas dedican su vida a la oración y a atender unas mínimas posesiones.

 

Es un monasterio amplio y complejo, con aspecto de fortaleza, con dependencias que se fueron añadiendo a lo largo de los siglos, como las viviendas tradicionales de los criados y los clérigos, las casas de la administración y las escuelas. Todo el recinto estuvo amurallado. Se conservan dos puertas: una para el público, que conduce al Compás de Afuera, y otra llamada de Alfonso XI, que conduce al Compás de Adentro; esta parte se utilizó como servicio para las monjas.

Comenzaron las obras a finales del siglo XII y continuaron en el XIII. Existen documentos en que se nombra a un maestro Ricardo que intervino en su construcción. La parte más antigua corresponde al claustro románico conocido con el nombre de las claustrillas, después le sigue en el tiempo la iglesia, de corriente protogótica, y el claustro de San Fernando que es ya de claro estilo gótico, con bóvedas de yeserías mudéjares.

Puede verse por distintos puntos del complejo monástico el emblema heráldico del rey constructor, el castillo, que aparece en la torre, en tímpanos y jambas de las puertas.

 

El edificio de la iglesia sigue el modelo cisterciense con tres naves alargadas, más la nave del crucero, que en este caso tiene un muro de separación con el resto de la iglesia debido a la condición de clausura. Se aparta de la severidad del cisterciense en lo referente a la ornamentación arquitectónica, con elementos muy particulares que demuestran la influencia francesa, como en las bóvedas angevinas de planta cuadrada achaflanada y en las columnillas voladas sobre repisa. Se cree que la reina Leonor mandó traer desde Angers a alguno de los arquitectos. Este tipo de arquitectura creó escuela en la comarca burgalesa y la imitaron en la cabecera de la catedral de Burgos, en la de la catedral de El Burgo de Osma, en Sasamón y otras.

La fachada septentrional está formada por 19 arcos apuntados dispuestos de dos en dos entre recios contrafuertes. En la pared del brazo del crucero se abre un rosetón.

En el interior destaca la bóveda angevina del crucero, de planta cuadrada, con ocho arcos formeros, dos diagonales y otros dos en los ejes, que componen la bóveda sexpartita cupuliforme. Las capillas absidiales que están pegadas a la mayor también responden al estilo angevino. Se cree que esta obra se hizo entre 1180 y 1215 con artistas de la reina Leonor, mientras que el resto fue de 1215 a 1220 con los maestros franceses de Fernando III el Santo.

En el muro que separa el crucero del resto de la iglesia aparece una pintura que representa la Batalla de las Navas de Tolosa, y en él se puede apreciar el pendón o estandarte almohade que formó parte del botín de guerra, y que actualmente se conserva en este monasterio. A sus pies, cerca de la reja en el costado de la epístola, se sitúa un púlpito de forma octogonal. Es de hierro forjado y está montado sobre un soporte que le permitía girar de manera que las monjas pudieran escuchar mejor al predicador desde la clausura.

 

En el presbiterio se contempla el gran retablo del siglo XVIII, obra del arquitecto Policarpo de Lanestosa, el escultor Juan de Pobes y el dorador Pedro Guillén. Adornado con columnas salomónicas, tiene en su parte central la imagen de la Asunción y en el ático el Calvario cobijado en una concha muy adornada con numerosos ángeles músicos. Sobre el muro de la Epístola (muro sur) está el órgano barroco.

En las naves longitudinales de lo que fue la clausura se encuentran los numerosos sepulcros de infantes y reyes. Alfonso VIII quiso hacer de esta iglesia un panteón real. Se han podido conservar muchos de estos ricos enterramientos y muchos otros se perdieron en expolios, guerras y barbarie.

Es sabido que uno de los principales motivos que impulsó al rey Alfonso VIII a edificar este monasterio es el de convertirlo en panteón de reyes y que él mismo quiso ser enterrado aquí junto a su mujer. En toda la iglesia pueden verse bastantes sepulcros de la familia real, unos más artísticos y otros más pobremente adornados, pero todos de gran importancia histórica. Estos enterramientos sufrieron un grave expolio durante la época de la ocupación por las tropas francesas de Napoleón en el siglo XIX. Muchos se han podido recuperar, pero el ajuar que se conservaba dentro junto al cadáver está perdido. Algunas de las personas reales enterradas en el monasterio son:

- Alfonso VIII de Castilla (1155-1214), hijo de Sancho III el Deseado, y su esposa Leonor de Plantagenet (1162-1214).

 

- Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, muerto en 1217 a la edad de 13 años, tras haber sufrido una intervención en el cráneo. Se cuenta que el cayó encima una gran teja que le ocasionó una herida mortal.

- Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X el Sabio, heredero al trono, pero murió antes que su padre el rey. El sepulcro es en piedra policromada con ornamentación de símbolos heráldicos. Se encontró entacto y sin saquear y pudieron extraerse las mejores piezas de vestidos medievales que se custodian en la actualidad en el Museo de Telas Medievales, ubicado en la antigua cilla o almacén del monasterio.

 

El claustro de San Fernando fue construido hacia el primer cuarto del siglo XIII. Sus galerías están cubiertas por bóvedas de medio cañón, reforzadas por arcos fajones que se apoyan en ménsulas de decoración vegetal hacia el interior y lisas hacia el exterior. En algunas zonas se conservan restos de yeserías hispanomusulmanas policromadas con motivos de pavos reales, heráldica, atauriques y lacerías. Cada panda o lado está recorrido por arquerías apuntadas, cuyos arcos están agrupados de tres en tres entre machones. En la panda sur está el refectorio y en la del oeste estaba la cilla o almacén, destinado en la actualidad a Museo de Telas. En el lado este se encuentra la sala capitular en la misma disposición que en los monasterios de monjes cistercienses, pero en este caso es especial por su altura y esbeltez que la hace mucho más amplia y luminosa. El piso de arriba, que suele estar ocupado por el dormitorio, se desplaza en este caso al ocupar su espacio la parte alta de esta sala.

Está construida sobre cuatro apoyos centrales que dividen la sala en nueve tramos y nueve perfectas bóvedas. Los apoyos son cuerpos cilíndricos que están rodeados de ocho columnillas exentas y monolíticas. Este núcleo cilíndrico está despiezado por hiladas horizontales monolíticas, demostrando la originalidad constructiva de los maestros franceses que aquí intervinieron. Los nervios de la bóveda arrancan de unos anillos o ménsulas también monolíticos y sin labrar. La bóveda es de crucería, de estilo francés con la particularidad de tener cada plemento de una sola piedra. La puerta de acceso es abocinada, de varios arcos apuntados labrados con dientes de sierra.

En el claustro de San Fernando pueden admirarse algunas portadas y algunas puertas de madera, sobre todo una de origen musulmán, del siglo XI, procedente de la conquista de Almería. Desde él se accede al otro claustro llamado Las Claustrillas por un pasadizo cuyo techo está decorado con yeserías. Las Claustrillas es un pequeño claustro antiguo, de planta rectangular, que perteneció al monasterio fundado en 1187. Cuando se creó el otro claustro de San Fernando, las monjas utilizaron este espacio para su propio recreo y meditación. Se cree que el autor de la obra fue el maestro Rodrigo, que dejó otras obras por estas tierras. Cada lado presenta 12 arcos que se apoyan sobre columnas pareadas con capiteles alargados, entre románicos y góticos, con ornamentación vegetal muy estilizada. En las esquinas y centro de cada lado se interrumpe la arquería con machones (o pilar), cuyos capiteles están ricamente labrados con temas de castilletes.

Fuera de las construcciones monásticas se encuentra la capilla de Santiago. Es de estilo mudéjar, construida en piedra y ladrillo. Tiene una puerta de arco túmido (llamado también arco árabe), un friso de yesería mudéjar y un artesonado notable. Se accede al presbiterio por otro túmido, donde se encuentra una imagen de Santiago del siglo XIII, articulada, que era utilizada para armar caballeros a los reyes y a los príncipes e infantes.

 

. Museo de Telas Medievales:

En este museo se  encuentra indumentaria civil medieval femenina, masculina e infantil de los siglos XI, XII y XIII. Debido a la alto grado de conservación, la riqueza de las piezas y su antigua datación, es considerado el museo más importante del mundo de estas características. Es el único conjunto de indumentaria civil medieval perfectamente datado. Aunque el conjunto de piezas encontradas está formado por unos 300 elementos, la exposición está formada por 51 piezas sobre las que se ha realizado una exhaustiva tarea de restauración y limpieza. El sorprendente buen estado de conservación de los tejidos, se atribuye a la alta calidad de la seda, que ha permitido su conservación pese al estado de podredumbre del interior de los sepulcros. Una de las piezas que más llamativas y de gran valor histórico es el Pendón de Las Navas de Tolosa. Se trata de una pieza de grandes dimensiones tejida en telar, de manera que la tela y el dibujo se conformaron de forma simultánea. Estuvo en el frontal de la tienda de campaña del sultán árabe Al Nassir, al que derrotó Alfonso VIII en la batalla de Las Navas de Tolosa. Es un tapiz Almohade del siglo XIII con inscripciones e iconografías árabes.

Las piezas expuestas en el Museo de Telas Medievales proceden fundamentalmente de los ajuares funerarios de los reyes e infantes de Castilla de los siglos XII, XIII y XIV enterrados en este monasterio. Concretamente, las piezas más importantes se hallaron en los sepulcros de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, Enrique I de Castilla, Berenguela I de Castilla, Leonor de Castilla, Fernando de la Cerda y Alfonso de la Cerda.

- Pendón de las Navas de Tolosa (comienzos del siglo XIII): Es la pieza de mayor importancia del museo y la obra cumbre de la tapicería hispanomusulmana. Tradicionalmente se considera que fue el botín que obtuvo Alfonso VIII al derrotar al califa almohade Al-Nasir en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Se trata de un tapiz almohade excepcional, de 326 por 222 centímetros, tejido con hilos de oro sobre sedas de gran colorido. El motivo compositivo central es una estrella de ocho puntas inscrita en un círculo, en torno al cual hay cuatro triángulos, que convierten el tema central del tapiz en un cuadrado. Esta composición aparece encuadrada a su vez por cuatro cenefas con inscripciones cúficas correspondientes a aleyas o citas coránicas y estrellas de lacería en las esquinas. En la parte superior del tapiz, destaca otra gran cenefa con cita coránica. En la parte inferior, rematan el tapiz ocho círculos con restos de inscripciones cúficas.

- Fragmento del manto de Alfonso VIII (hacia 1155-1214). En tafetán de seda verde, sembrado de escudos rojos con castillos de oro.

- Manto de Fernando de la Cerda (hacia 1255-1275). En brocado de seda e hilos entorchados de oro y plata, con decoración heráldica a base de escudos cuartelados con castillos y leones rampantes. Se trata de un buen ejemplo de manto medieval desarrollado conforme a un patrón semicircular. El ajuar funerario de Fernando de la Cerda es, sin duda, el conjunto más espectacular que se exhibe, ya que no fue expoliado durante la ocupación francesa (1808-1813).

- Saya de Leonor de Castilla (hacia 1244). En lampazo de tonos verdosos, con decoración geométrica y vegetal.

- Saya de Fernando de la Cerda (hacia 1255-1275). Del mismo brocado y decoración que su manto.

- Pellote de Enrique I (hacia 1204-1217). En tafetán de seda carmesí, presenta su parte inferior decorada con farpas.

- Pellote de Fernando de la Cerda (hacia 1255-1275). Se repite la factura de manto y saya.

 

- Pellote de Leonor de Castilla (hacia 1244). Con la misma decoración que su saya, pero con dos franjas con inscripciones cúficas en la parte inferior.

- Birrete de Fernando de la Cerda (anterior a 1275). Bordado con aljófares, corales y vidrios. Guarnición de oro y engastes de zafiros y granates.

- Cofia de Fernando, infante de Castilla, hijo primogénito de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet (hacia 1189-1211). De tapiz de tipo almohade, tejido con seda blanca y azul e hilos entorchados de oro de gran pureza.

 

- Espada de combate de Fernando de la Cerda (hacia 1255-1275). Se trata de la única espada exclusivamente de guerra de este período que se conserva en España. Se corresponde con un tipo de gran difusión en toda Europa entre mediados del siglo XIII y mediados del XIV.

- Cruz de las Navas de Tolosa (siglo XIII, con modificaciones posteriores). La tradición dice que sería la cruz que llevó el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada en la batalla de las Navas de Tolosa y que Alfonso VIII habría donado al monasterio. También destaca el estuche de cuero repujado donde se guarda

- Almohada de Berenguela de Castilla (hacia 1180-1246). En tafetán carmesí, presentando decoraciones incrustadas de tapicería, entre las que destaca el gran medallón central. Éste está formado por una corona con inscripción árabe en letra cursiva que enmarca las figuras de dos danzarinas enfrentadas en torno a un esquemático árbol de la vida. Esta decoración es propia del arte copto.

- Almohada de María de Almenar (finales del siglo XII). Se trata de un brocado árabe del período almorávide, en tafetán mixto, destacando la franja central, que presenta una decoración a base de esquemas fitomórficos simétricos.

- Almohada de Leonor de Castilla (hacia 1244). Con una gran tira central de tapicería de tipo almohade en tafetán de seda y oro. Probablemente se trate de una pieza granadina.

- Cinturón de Fernando de la Cerda (hacia 1255-1260). Es una pieza extraordinaria, de una altísima calidad. Cruzado sobre el hombro, servía de sostén a la espada. Destaca la hebilla, de plata dorada, con escudos esmaltados con las armas de casas europeas, fundamentalmente francesas, y engastes de zafiros, perlas y cornalina. Probablemente se trate de un regalo de algún noble francés.

2. CARTUJA DE MIRAFLORES

La Cartuja de Miraflores es un conjunto monástico edificado en 1441 por el rey Juan II de Castilla, gracias a la donación que el propio monarca realizó de un palacio de caza a la Orden Cartuja, donde se instalaron hasta que un incendio producido en 1452 provocó la destrucción del palacio e instancias. En 1453 se decidió construir el nuevo edificio, que se conserva en la actualidad, y pasó a llamarse Cartuja de Santa María de Miraflores. Las obras fueron encargadas a Juan de Colonia, comenzando en 1454, siendo continuadas a su muerte por su hijo, Simón de Colonia. Las obras se completaron en 1484 a instancias de la reina, Isabel la Católica, hija de Juan II.

Joya del arte gótico tardío, en su conjunto destaca la iglesia, con portada occidental en gótico isabelino y decorada con los escudos de sus fundadores, consta de una única nave cubierta con bóveda estrellada, con capillas laterales, y rematada por un ábside poligonal.

La decoración escultórica interior fue realizada por el artista Gil de Siloé a encargo de la reina Isabel. El conjunto cartujano, emplazado en la capilla mayor del monasterio, lo integran tres elementos: en el centro del presbiterio los sepulcros de bultos yacentes, ricamente ataviados, de los reyes castellanos Juan II e Isabel de Portugal, formando ambos un único conjunto de planta estrellada de ocho puntas; adosado al muro del Evangelio, el sepulcro del infante Don Alfonso, y en la cabecera, el retablo principal.

. Sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal: Los sepulcros reales, facturados en alabastro, que las manos del artista moldea como si estuvieran realizados en cera, reclamaron a Siloé cuatro años de trabajo, entre 1489 y 1493. Fueron un encargo de la reina Isabel la Católica, hija de los monarcas, y en ellos el virtuosismo del autor llega a extremos de difícil superación.

En el encargo de los sepulcros hubo mucho más que la intención de cumplir con un deber real y filial. Por una parte Isabel señalaba con claridad cual era el árbol genealógico correcto de la dinastía, al tiempo que olvidaba de un modo consciente a su hermanastro Enrique IV; por otra, en un momento en que la aristocracia construía los más ostentosos recintos funerarios conocidos hasta entonces, pretendía que lo que se hiciera en la Cartuja fuera ejemplar como símbolo de afirmación monarquica.

La forma en planta del monumento funerario es la de una estrella de ocho puntas (intersección de un rombo y un rectángulo). Debido a su gran superficie se pudo realizar en ella diversas imágenes, además de los bultos yacentes de los reyes. Del conjunto sobresale el virtuosismo con que está trabajado el brocado del vestido real.

Las cuentas del monasterio hablan de que se emplearon 158.252 maravedises en el alabastro (traído de Cogolludo -Guadalajara- y lugares limítrofes) y que el precio del trabajo se elevó hasta 442.667 maravedises (es decir, casi las tres cuartas partes del total).

. Sepulcro del infante don Alfonso: El sepulcro del infante Don Alfonso se trata de un bulto orante bajo arcosolio carpanel con intradós, con caireles calados y trasdós conopial, más dos esbeltas pilastras aguzadas en los extremos. Desgraciadamente, se ha perdido parte de los caireles calados que formaban una celosía que dejaba el fondo en penumbra. En las pilastras se dispone la iconografía religiosa. La decoración marginal se impone en todo el conjunto; se ha recurrido a elementos vegetales (vid, roble, cardo, bellotas, racimos de uvas…), animales (caracol, conejo, águila, león, lechuza, zorro, ardillas, aves) y a figuras humanas en forma de niños desnudos, putti, de tamaños y actitudes variables.

La superficie limitada entre los dos arcos está cubierta por una profusa ornamentación que acoge, en la parte media superior, un San Miguel guerrero en lucha contra el dragón diabólico por encima del cual aparece un rostro tricéfalo. La estatua del infante don Alfonso arrodillado, en actitud orante, centra la composición. Le precede un reclinatorio cubierto por un riquísimo paño de brocado donde reposa sobre un cojín un libro abierto de oraciones. Dos aspectos llaman poderosamente la atención de los especialistas: la existencia de un brazo y mano envuelto en ropaje en actitud de cambiar las hojas del libro y que tan sólo puede verse desde una posición cenital, y la inclinación del paño que cubre el reclinatorio, que se encuentra una manera contraria a lo que sería lo normal.

La iconografía religiosa del sepulcro de don Alfonso destaca por su sencillez y concreción. Culmina el sepulcro una solemne Anunciación habitual en los monumentos funerarios de la época; entre María y el Arcangel, el jarrón de azucenas. Los Apóstoles y los Santos podían ser poderosos intercesores a la hora de la muerte y un testimonio de la fe del difunto; aquí los encontramos, dispuestos por parejas, en los pilares de enmarcamiento del sepulcro.

. Retablo Altar Mayor: En el Retablo el artista Gil de Siloé trabajó desde 1496 hasta 1499. Se trata de una composición abigarrada, a manera de gran tapiz, de traza inspirada en la organización de los grabados alemanes del rosario. El retablo, enmarcado por guardapolvo, está presidido por una gran corona que encierra círculos con los misterios a los que rodean otras orlas y encuadramientos. En el centro, la figura de Cristo crucificado se inscribe en un gran círculo, en alusión a la Eucaristía, y a los pies de la Cruz la Virgen y San Juan.

Dentro, cuatro círculos más pequeños representan escenas de la Pasión, y fuera, también en círculos, los Evangelistas. En la parte inferior se representa la Anunciación y el Nacimiento y, en los laterales, están las estatuas orantes y los escudos de armas de los reyes enterrados en la capilla. El tabernáculo original fue sustituido por otro; encima del nuevo hay un expositor giratorio en el que se muestran seis escenas de las que tan sólo aparece una a la vista dependiendo de la época del año.

Su mayor virtud reside en el diseño general, aunque son muchos los fragmentos magistrales. Fue obra, dadas sus dimensiones, de un gran taller. En la policromía, Diego de la Cruz optó por una técnica muy refinada en aquella época que se llama brocado aplicado y que consiste en añadir una filigrana que se ha labrado por separado a los ropajes, hornacinas… El coste alcanzó la cantidad de 1.015.613 maravedis.

Relevancia tiene así mismo la sillería gótica del Coro de los Padres, obra de Martín Sánchez,vecino de Valladolid, y la renacentista del Coro de los Hermanos, de Simón de Bueras. En una de sus capillas laterales se encuentra expuesta la escultura de San Bruno, fundador de la orden cartuja, realizada por Manuel Pereira y un Tríptico flamenco.

También se puede contemplar una Anunciación, de Pedro Berruguete. Este cuadro destaca por el detallismo en los objetos y el interesante juego de perspectivas, que crea una perfecta ilusión espacial. Las figuras aparecen muy individualizadas, y el dominio del espacio, la perspectiva y la composición se enriquece con un certero sentido del dibujo y una sabia utilización del color.

Como consecuencia de la Desamortización desaparece el culto, hasta que el arzobispo de Burgos Anastasio Rodrigo Yusto restableció a los cartujos.

3. CATEDRAL DE SANTA MARÍA

Burgos fue convertida en sede episcopal en 1075 por el rey Alfonso VI, quien dio así una continuidad canónica a la tradición episcopal de la vieja diócesis de la Oca, cuyo prelado figura ya en 589 como signatario del III Concilio de Toledo, en época visigótica.

El monarca promovió la construcción de una catedral dedicada a la Virgen María de la que no se conocen sus trazas, pero que se supone románica y del tipo de las obras coetáneas (la desaparecida iglesia de Silos, la del Monasterio de San Pedro de Arlanza, la de San Martín de Frómista o la catedral de Jaca). Existe constancia documental de que el monarca donó para la magna obra el recinto que ocupaban un palacio real que había pertenecido a su padre Fernando I y una pequeña iglesia dedicada a Santa María y que se hallaba en construcción.

En 1096 las obras de este templo ya estaban terminadas, pero pronto resultó pequeño para las necesidades de una ciudad que era la capital simbólica del reino, una potente sede episcopal (el cabildo catedralicio tenía más de treinta miembros ya antes de 1200) y un centro comercial cada vez más dinámico. La decisión de levantar una nueva catedral se tomó por fin ya iniciado el siglo XIII. Como era común en la época, se destruyó el edificio románico (del que sólo queda algún resto escultórico) y sobre su solar, ampliado con la demolición de unas viviendas contiguas donadas por el obispo Marino, se levantó la nueva catedral gótica.

La primera piedra de la nueva catedral se colocó el 20 de julio de 1221 en presencia de los promotores del templo: el rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio, prelado de la diócesis burgalesa desde 1213. Cabe suponer que el primer maestro de obras fue un anónimo arquitecto francés -si bien algunos investigadores dan el nombre del canónigo Johan de Champagne, citado documentalmente en 1227-, muy probablemente traído a Burgos por el propio obispo Mauricio, tras el viaje que había realizado por Francia y Alemania para concertar el matrimonio del monarca con Beatriz de Suabia, ceremonia nupcial que se realizó precisamente en la vieja catedral románica.

La construcción de la catedral, emplazada justo en el punto donde comienza a empinarse la ladera del cerro presidido por el Castillo, se inició por la cabecera y el presbiterio, lugar éste donde se sepultó al obispo fundador, cuyos restos fueron posteriormente trasladados al centro del coro capitular. Hacia 1240 asumió la dirección de las obras el llamado Maestro Enrique, también de origen galo, que después se haría cargo de la erección de la Catedral de León y que sin duda se inspiró en la Catedral de Reims, con cuya fachada el hastial de la seo burgalesa guarda grandes semejanzas. Las obras avanzaron con gran rapidez y para 1238, año de la muerte del prelado fundador, sepultado en el presbiterio, ya estaban casi terminadas la cabecera y buena parte del crucero y las naves. La consagración del templo tuvo lugar en 1260, aunque consta la celebración de oficio divino en él desde 1230.

Entre la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se completaron las capillas de las naves laterales y se construyó un nuevo claustro. Al maestro Enrique, fallecido en 1277, le tomó el relevo el maestro Johan Pérez, éste ya hispano. Otros canteros posteriores fueron Aparicio Pérez, activo en 1327, Pedro Sánchez de Molina y Martín Fernández, fallecidos respectivamente en 1396 y 1418.

En el siglo XV la familia de los Colonia incorporó las agujas de las torres, el cimborrio sobre el crucero y la Capilla de los Condestables, grandes estructuras que transforman y magnifican la fábrica catedralicia. En el siglo XVI, además de la modificaciones realizadas en varias capillas, destaca la intervención de Juan de Vallejo, que reconstruyó el desplomado cimborrio, este ya se había caído otra vez anteriormente. En el siglo XVIII se realizaron la Capilla de Santa Tecla, la Capilla de las Reliquias y la Sacristía.La de los condestables también fue agrandada.

La catedral de Burgos debe su gran cantidad de obras de arte de los siglos XIII al XVIII, sobre todo, al hecho de que durante los siglos XIX y XX no se emprendiese ninguna restauración decisiva.

Fuera del ámbito del claustro nuevo sólo se reformó de modo esencial, después de 1800, la capilla del Santo Cristo o de Nuestra Señora de los Remedios, situada en la zona oeste del claustro viejo. La renovación comenzó con el traslado del altamente venerado crucifijo del Santo Cristo desde el convento de San Agustín a la capilla que, a partir de entonces, se llamó capilla del Santo Cristo de Burgos. En la década de 1890 Vicente Lampérez y Romea, maestro arquitecto de la catedral desde 1887, emprendió una restauración profunda de esta capilla, quitando el enlucido adicionado de los muros y bóvedas y se renovó por completo la portada que da a la nave. También se remontan a esta restauración las ventanas de tracería neogótica, las arcadas ciegas de los muros y la mayor parte de los restantes elementos arquitectónicos.

Entre 1899 y 1911 Lampérez restauró, asimismo, el llamado claustro nuevo, consiguiendo recuperar en lo esencial su forma original. En el claustro se había sobreedificado un tercer nivel con pequeñas ventanas barrocas que este arquitecto hizo eliminar y, de paso, abrió las ventanas originales del claustro que habían quedado casi cerradas. La instalación de vidrieras ornamentales siguiendo modelos y técnicas antiguas, representó el final de la restauración. Mientras que el cuerpo superior del claustro casi no experimentó ningún cambio, el claustro inferior se vio notablemente restaurado. Las formas de su nervadura, aparentemente del gótico tardío, se deben a Lampérez. Antes de la restauración, el claustro inferior se encontraba dividido en varios compartimentos y, en general, en estado de mala conservación. Es probable que durante la restauración del claustro se eliminara la caja de escalera que se había adicionado posteriormente, situada en la esquina suroeste interior del mismo claustro. Con posterioridad, la conexión entre ambos niveles del claustro sólo se establece a través de una escalera de madera situada bajo la capilla de San Jerónimo.

La restauración más reciente de la catedral, de mano del arquitecto Marcos Rico Santamaría, ha reemplazado la techumbre mediante un entramado de acero ligero. En relación con la estrella de nervadura libremente suspendida en la torre centro del transepto, se ha tendido una superficie de vidrio que logra la iluminación completa del entramado de la nervadura. Prescindiendo de estas últimas medidas, pocos han sido los recientes intentos de modificar la sustancia arquitectónica y escultural de la catedral. El 12 de agosto de 1994, una estatua de San Lorenzo se desprendió del tramo final de la torre norte de la fachada principal, lo que hizo pública la inmediata necesidad de reanudar la medidas de protección y conservación de todas y cada unas de las partes de este monumento de valor inestimable.

Por último, son reseñables otras intervenciones coetáneas que, sin pretender alguna modificación del monumento, han contribuido notablemente al realce de la catedral, como ha sido la eliminación a principios del s. XX de algunas construcciones que habían sido adosadas al templo, como el Palacio Arzobispal.

. Arquitectura exterior.

- Fachada de Santa María: La fachada occidental del templo está inspirada en las de las catedrales de París y Reims. Está formada por tres arcos apuntados y abocinados que cobijan la Puerta Real, o del Perdón, el central, y las de la Asunción y la Inmaculada, los laterales. Esta portada era obra del siglo XIII y, con su iconografía dedicada a la Virgen, estaba considerada como la más importante manifestación escultórica de estilo gótico en Castilla, pero su grave deterioro obligó a reconstruir austeramente las puertas laterales, en 1663 por Juan de Pobes, y la central, en estilo neoclásico, con vano adintelado y frontón triangular, en 1790; en los tímpanos de las laterales se colocaron los relieves de la Concepción y la Coronación, salidos de la mano de Juan de Pobes, y en las enjutas, dos arquillos laterales dobles que cobijan sendas estatuillas.

El segundo cuerpo de la calle central de la fachada es obra del siglo XIII y en el se abre un rosetón de aire cisterciense, con tracería de estrella de seis puntas, o de sello de Salomón. En el tercer cuerpo de la misma calle se abre una elegante galería, jalonada por sendas agujas y varios pináculos, y formada por dos grandes ventanales con maineles y tracería de tres óculos cuadrilobulados; bajo los ocho arquillos que forman los maineles de ambos arcos están colocadas las estatuas de los ocho primeros reyes de Castilla, de Fernando I a Fernando III. Corona la calle una fina barandilla-crestería de arquillos ojivales sobre la que se alza una estatua de la Virgen con el Niño, acompañada de la leyenda, alusiva a la Madre de Cristo, Pulchra es et decora. Este remate fue realizado a mediados del siglo XV por Juan de Colonia

Sobre las puertas laterales del primer cuerpo se alzan dos torres casi gemelas del siglo XIII y de tres cuerpos, con pilastras decoradas con pináculos y estatuas en sus ángulos, y con decorados vanos ojivales en cada cara de cada cuerpo: uno abocinado con mainel y tracería de óculo, tapado con vidrieras, en el primero; dos geminados sin mainel y sin tracería, en el segundo; y otros dos geminados con mainel y tracería, en el tercero.

Sobre estas torres, a mediados del siglo XV, Juan de Colonia elevó sendas agujas o chapiteles piramidales de base octogonal y de finos calados que configuraron definitivamente la silueta de la seo burgalesa. Su progenie suevoalemana coincide con el proyecto de la Catedral de Colonia, que pudo conocer el maestro Juan, si bien las agujas de la ciudad alemana no se realizaron hasta el siglo XIX. Los chapiteles burgaleses fueron levantados con las aportaciones económicas del obispo Alonso de Cartagena y de su sucesor en la sede, Luis de Acuña, cuyos blasones, junto con los de la monarquía castellano-leonesa, aparecen en los antepechos que conectan con las cúspides de las torres. En estos antepechos el maestro Juan dispuso también la leyenda pax vobis y la escultura de Cristo mostrando las huellas de su Pasión, en uno, y la leyenda ecce agnus dei y una escultura de San Juan Bautista, en el otro.

Jalonan el conjunto de la fachada dos torrecillas poligonales, decoradas con arquillos lobulados, con pináculos y con estatuas y rematadas en agujas piramidales que ascienden hasta el arranque de las agujas de las torres; en su interior albergan sendas escaleras de caracol que ascienden al triforio y a las bóvedas de las naves.

- Fachada y Puerta Sarmental: Menos conocida como Puerta Sacramental, esta portada, abierta en el brazo meridional del transepto y asomada a la Plaza de San Fernando, desde la que se accede salvando una pronunciada escalinata, fue construida aproximadamente entre 1230 y 1240. Se trata de uno de los mejores conjuntos escultóricos del clasicismo gótico del siglo XIII en España. Está dedicada al tema arcaizante de Cristo en Majestad, aunque empleando una plástica innovadora.

El elemento central y artísticamente más depurado es el tímpano, cuya ejecución se atribuye a un artista franco referido como el Maestro del Beau Dieu de Amiens. Lo que es indudable es la influencia de la escultura de la Catedral de Amiens en la magistral portada burgalesa. En este espacio casi triangular se representan a Jesús sedente como Pantocrátor mostrando el Libro de la Ley y, rodeándole, los Cuatro Evangelistas, en su caso representados de doble manera: icónicamente, con ellos mismos inclinados sobre sus pupitres de escritura redactando los Evangelios, y simbólicamente, por el Tetramorfos. Debajo, separado por un dintel, aparece un Apostolado al completo en pose sedente, atribuido a otro artista francés conocido como el Maestro del Sarmental. El tímpano es rodeado por tres arquivoltas que ocupan los 24 ancianos del Apocalipsis, tocando o afinando instrumentos musicales medievales, varios coros de ángeles y una alegoría de la Artes. Este conjunto iconográfico debió ser tallado por escultores locales dirigidos por los maestros franceses.

La puerta está dividida por un parteluz en el que aparece, cubierta por un dosel sobre el que se efigia al Cordero, una moderna estatua (sustituyendo a la deteriorada original, que pudo ser tallada también por el Maestro del Sarmental) representando a un obispo; es tradición identificar al retratado como D. Mauricio, aunque bien pudiera tratarse de D. Asterio de Oca o de San Indalecio, primer obispo de Almería, mártir y cristianizador de las tierras burgalesas. En las jambas laterales se encuentran esculpidas seis figuras, posteriores al resto de la portada, cuatro de las cuales representan a Moisés, Aarón, San Pedro y San Pablo; las otras dos no son fácilmente identificables.

Aunque la Portada concentra todo el interés, no puede pasarse por alto el resto del hastial, que escoltan robustos contrafuertes rematados en pináculos. Es trabajo posterior, de finales del siglo XIII. Sus dos cuerpos superiores, estructurados a semejanza del cuerpo central de la Fachada de Santa María, están ocupados por un rosetón y sobre él un conjunto de galería abierta con tres arcos con intradoses calados con triple cuatrifolio y apoyados en maineles frente a los que asoma una estatuaria interpretada como la Divina Liturgia, donde Cristo administra la Eucaristía flanqueado por doce ángeles ceriferarios y turiferarios.

En la actualidad, las visitas turísticas acceden a la Catedral por la Puerta del Sarmental.

. Arquitectura Interior.

El templo, si se excluyen las capillas laterales y las diversas dependencias anejas levantadas en etapas arquitectónicas posteriores, presenta planta de cruz latina, con dimensiones de 84 por 59 metros, que forman tres naves, siendo la central más ancha (11 metros) elevada (25 metros) y estando las laterales fusionadas en la cabecera mediante una girola o deambulatorio, y, cortándolas perpendicularmente, un trasepto de una nave orientado en el eje norte-sur. El eje longitudinal de las naves del eje este-oeste se compartimenta en nueve tramos, tres de los cuales corresponden a la profunda Capilla Mayor, más el crucero y la cabecera pentagonal; el transepto o nave transversal consta de seis tramos, tres a cada lado y de la misma altura que la nave central.

Los alzados consisten en pilares octogonales, de núcleo cilíndrico y columnillas adosadas, salvo los que sostienen los arcos torales en el crucero, que son sólo cilíndricos y de mucho mayor grosor. Las cubiertas se solucionan con bóvedas de crucería con nervio espinazo, simple en la mayoría de los tramos y compuesta con terceletes y combados en algunos tramos, como sucede en el transepto. Las bóvedas de los tramos de la girola son de cinco o seis radios, y las de los tramos de la nave central son barlongas, es decir, acusadamente rectangulares.

Es característico el elegante triforio que recorre toda la parte alta de los muros de la nave central y del transepto, inmediatamente por debajo de los vitrales. Cada arcada, de arco de medio punto festoneado con cabezas humanas, presenta un elaborado intradós consistente en siete vanos, trifolios y cuadrifolios, arquería apuntada y trilobulada separada por seis maineles y un antepecho a modo de balaustrada calada con motivo flamígero. Los tramos del triforio próximos al crucero tienen decoración flamígera más movida; fue el resultado de una modificación de finales del siglo XV llevada a cabo quizás por Juan de Colonia, momento en que se realizaron también los antepechos por inicitiva del Obispo Acuña, cuyas armas se ostentan en varios puntos. Este modelo de alzado, de pilares, triforio y vitrales, parece inspirado en el de la Catedral de Bourges.

En la parte superior de los muros se abren las amplias ventanas con vidriera partida en doble ojiva y rosetón superior. Tres son los rosetones: el de la fachada de Santa María y los que presiden los testeros del transepto.

- Nave Mayor: En los pies de la nave mayor, a gran altura, se halla un reloj con una figura articulada que, todas las horas en punto, mueve un brazo con el que da un campanazo y abre al tiempo la boca: se trata de un autómata del siglo XVIII que recibe el nombre de Papamoscas. A su derecha, en un balcón, otro autómata se encarga de anunciar los cuartos de hora golpeando las campanas que le flanquean. Su nombre es Martinillo.

La Capilla Mayor consta de tres tramos, el primero, contiguo al crucero, con bóveda de crucería compleja y los dos siguientes con bóveda de crucería simple, más la cabecera pentagonal. Preside el espacio el retablo mayor, obra de estilo renacentista romanista comenzada en 1562 por Rodrigo de la Haya y completada tras su muerte en 1577 por su hermano, Martín de la Haya. Incluye colaboraciones escultóricas de Juan de Anchieta. Concluida la arquitectura y la escultura en 1580, en los años siguientes ejecutaron el dorado y la policromía los artistas Gregorio Martínez y Diego de Urbina. El mueble está presidido por la imagen de Santa María la Mayor, la titular de la catedral, de estilo gótico-flamenco de mediados del siglo XV. En el presbiterio se conservan algunos sepulcros góticos, entre ellos, el del infante Juan de Castilla “el de Tarifa”, hijo del rey Alfonso X el Sabio.

El Coro está emplazado en medio de la nave mayor e inmediatamente anterior al crucero, el elemento más destacado del coro catedralicio es la sillería de nogal, monumental conjunto escultórico con forma de U, en su mayor parte labrado a partir de 1505 y en estilo plateresco por Felipe Vigarny, quien cinceló en él una profusa serie de relieves con iconografía religiosa. Hasta 1522 las gradas laterales estuvieron emplazadas a ambos lados del presbiterio de la Capilla Mayor. La hilera transversal y partes menores de la sillería paralela al eje de la nave fueron talladas en otros momentos posteriores del siglo XVI y de comienzos del siglo XVII. El espacio acoge una reja de Juan Bautista Celma, dos órganos, el uno barroco y el otro neoclásico, y el bulto yacente del obispo Mauricio, obra gótica del siglo XIII tallada en madera y recubierta de cobre con apliques de pedrería y esmaltes de Limoges. Exteriormente, en paralelo a las naves laterales y al hastial de los pies de la Catedral, el conjunto coral se resuelve en un trascoro de estilo barroco clasicista de principios del siglo XVII, estructura que acoge valiosas esculturas de alabastro y una colección de lienzos dedicados a santos que figuran entre lo más destacado de la obra del pintor Juan Ricci.

- Transepto: En el suelo del crucero, justo debajo del cimborrio, se encuentra desde 1921 el sepulcro del Cid y Doña Jimena. Sus restos, procedentes del Monasterio de San Pedro de Cardeña, fueron inhumados bajo una simple losa de mármol con la correspondiente inscripción, en una solemne ceremonia en la que se leyó un epitafio redactado por Ramón Menéndez Pidal. Cabe añadir que el espacio del crucero está flanqueado por dos rejas de principios del siglo XVIII forjadas según proyecto de fray Pedro Martínez, quien también diseñó los púlpitos.

Hacia 1460-1470, por encargo del obispo Acuña, Juan de Colonia levantó en el crucero un cimborrio que adoptó la forma de una tercera y suntuosa torre catedralicia. La atrevida estructura de este cimborrio -que según las descripciones de la época era muy alto y elegante, estaba adornado por muchas columnas y aparecía coronado de ocho chapiteles- fue seguramente la causa de su estrepitoso hundimiento en la noche del 3 al 4 de marzo de 1539. La obra se derrumbó al ceder sus pilares del lado norte y arrastró consigo varias bóvedas. El accidente tuvo lugar de madrugada y no causó víctimas.

Ese mismo día, el cabildo decidió reconstruir el cimborrio y de ello dio encargo a Juan de Vallejo. Con un probable diseño de Felipe Vigarny, Vallejo presentó una elevada estructura de prisma octogonal dividida en dos cuerpos. Cuatro torres adosadas y rematadas por esbeltas agujas refuerzan el impacto visual del tambor central. En cada uno de sus ocho lados se abren dos grandes ventanales amainelados que permiten una intensa iluminación del interior. El estilo renacentista plateresco se conjuga con el gótico final, el cual se manifiesta en su minucioso programa decorativo y en la verticalidad originada por sus numerosos pináculos y chapiteles. El perfil resultante es, todavía, básicamente gótico.

El interior es más deslumbrante aún que el exterior. El imponente volumen arquitectónico descansa sobre cuatro enormes pilares circulares, solución impuesta por Vallejo para prevenir una repetición del desastre de 1539. Cuatro trompas permiten el paso hacia la planta octogonal de los dos cuerpos. Los ocho lados de la linterna están cuajados de una densa decoración de inspiración renacentista, en la que se entremezclan numerosas esculturas, relieves, escudos nobiliarios y otros elementos decorativos salidos de las manos de artistas como Juan Picard (o Picardo) y Pedro Andrés. Todo el conjunto se remata con una espectacular bóveda estrellada de doble estructura con forma de estrella de ocho puntas y que entre sus nervios encierra una filigrana totalmente calada. Esta sorprendente y atrevida solución arquitectónica, además de aligerar peso, permite que la luz cenital se filtre con fuerza e ilumine el trabajo escultórico que se desparrama a su alrededor. Toda la obra quedó concluida en 1568.

La Escalera Dorada fue encargada en 1519 por el cabildo de la catedral y el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, quienes la costearon. Obra de Diego de Siloé inspirada en el renacimiento italiano, está esculpida con una gran riqueza iconográfica basada en los grabados de Nicoletto Rosex da Modena, Agostino de Musi, fray Antonio de Monza, Giovanni da Brescia y Agostino Veneziano. Los antepechos de hierro sobredorado (1523-1526) son del maestro francés Hilario. La escalera comunicaba la puerta de la Coronería con la catedral, salvando con mucha originalidad un desnivel de casi ocho metros. El arquitecto Charles Garnier se inspiró en ella para la gran escalera de la Ópera de París.

Actualmente la puerta de la Coronería está permanentemente cerrada y la escalera ha perdido su uso para el tránsito público. Sólo se utiliza para instalar en ella la custodia con el Santísimo Sacramento en Semana Santa (Jueves y Viernes Santo).

- Capilla del Condestable: Edificada sobre la capilla central de la girola, sustituye a la primitiva capilla gótica dedicada a San Pedro. La nueva gran capilla fue encargada por los Condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y Mencía de Mendoza y Figueroa para servir de panteón familiar y aunque su denominación popular sea la de Capilla del Condestable (o de los Condestables), su nombre exacto es Capilla de la Purificación de la Virgen, a la que estaba consagrada.

La arquitectura se debe a Simón de Colonia, quien comenzó las obras en 1482. Se trata de una gran construcción que muestra elementos del gótico tardío y la transición del arte gótico al temprano renacentista: Colonia adaptó el solar irregular de la capilla para construir un espacio único cubierto con una bóveda estrellada, octogonal, con su zona central -en torno a la clave principal- calada, de tal modo que entra luz cenital. La obra arquitectónica se completa con la sacristía adyacente, añadida en 1517 por Francisco de Colonia.

El retablo mayor es obra de Diego de Siloé y de Felipe Vigarny y fue realizado entre 1523 y 1526. Su arquitectura es muy original: el asunto principal (la Purificación de la Virgen) ocupa todo el primer cuerpo, concebido como si fuera un escenario (así lo describió el historiador Martín González), con esculturas de tamaño natural en las que se aprecia la diferencia de estilo entre Vigarny y Siloé (este último más delicado y dulce que el borgoñón). La policromía del retablo estuvo a cargo de León Picardo.

En la capilla permanecen varios sepulcros góticos que pertenecían a la primitiva capilla de San Pedro y que los condestables respetaron al construir la suya. Ambos están en el ingreso, en arcosolios, y corresponden a los obispos Pedro Rodríguez de Quexada y Domingo de Arroyuelo. Las estatuas yacentes de los condestables fundadores están en el centro de la capilla. Labradas en mármol de Carrara, los historiadores discuten la autoría (se atribuyen a Vigarny, Alonso Berruguete o a Juan de Lugano).

- Capilla de la Presentación: La Capilla de la Presentación y la Consolación, también llamada de San José, fue edificada entre 1519 y 1524 a iniciativa del canónigo Gonzalo Díaz de Lerma para que le sirviera de capilla funeraria. La arquitectura, de estilo tardogótico, se debe a Juan de Matienzo, quien se inspiró en la Capilla del Condestable para levantar una planta central con bóveda estrellada calada. Cuenta con varios sepulcros gótico-renacentistas, entre los que destaca, exento, el del fundador, Gonzálo de Lerma, cuyo bulto fúnebre fue esculpido por Felipe Vigarny con gran realismo. Destaca en el retablo principal de estilo neoclásico el cuadro de la Sagrada Familia de Sebastiano del Piombo, traído de Italia por el propio canónigo, obra pictórica de gran valor. Una reja renacentista de Cristóbal de Andino separa el espacio de la nave.

. Claustro.

- Claustro alto: Desde la antisacristía, por una puerta situada en el muro sur, se accede al claustro alto. El claustro de esta catedral, la “claustra nueva”, es obra de finales del siglo XIII, de planta rectangular algo irregular, con seis arcos en los lados oriental y occidental y siete en los lados norte y sur, y tiene desde sus inicios doble planta, ante la necesidad de salvar el fuerte desnivel existente entre el suelo del templo y la calle de Nuestra Señora de la Paloma. El sobreclaustro, o claustro alto, obra del maestro Enrique, es un ejemplo señero del arte gótico. Sus galerías se cubren con bóvedas ojivales de crucería simple, cuatripartita, y sus grandes ventanales, de arco apuntado, llevan triple mainel y tracería de tres óculos cuadrilobulados. Es preciosa la ornamentación vegetal de sus arquerías, de sus capiteles y de las arquivoltas de los arcos ciegos de sus muro y, sobre todo, la decoración historiada de sus cuatro pilares angulares, en los que se apoyan otros tantos grupos escultóricos que representan la Anunciación, la Epifanía y sendos grupos de personajes relacionados con la construcción de la catedral. En los arcos ciegos de la galería norte aparecen estatuas con personajes, o escenas, del Antiguo Testamento, como el Sacrificio de Isaac; de Apóstoles, como San Pedro, San Pablo y Santiago peregrino, y de personajes relacionados con la construcción de la catedral, como el obispo Mauricio y Fernando III el Santo, que aparece ofreciendo el anillo a Beatriz de Suavia. Bajo los arcos ciegos ojivales de los muros laterales de las otras tres galerías se reparten numerosos sepulcros de los siglos XII al XVI, la mayor parte góticos y renacentistas, pertenecientes a canónigos de la catedral. Entre estos sepulcros destacan por su valor histórico o artístico el románico de la noble doña Godo, madre del mayordomo de Alfonso VIII, fallecida en 1105; el gótico del obispo Mateo Rynal, fallecido en 1259; el gótico del canónigo Juan López del Hospital, del siglo XV, y el renacentista del canónigo Diego de Santander, del siglo XVI y tallado por Diego de Siloé, y el renacentista del canónigo Gaspar de Illescas, obra de mediados del siglo XVI, atribuida a Juan de Lizarazu, jalonada por dos columnas ajarronadas de orden corintio y compuesta, en el cuerpo superior, de sendos medallones con las efigies de San Pedro y San Pablo, un relieve con la escena del Nacimiento de Cristo y cuatro hornacinas con las estatuas de los Padres de la Iglesia Occidental y, en el inferior, el sepulcro propiamente dicho, con estatua yacente en la tapa y escudos en el frontal, decorado todo con grutescos y florones.

En el ángulo noroccidental de las galerías, entre el primer arco de la galería norte y el primero de la galería occidental, se halla la capilla gótica de San Jerónimo, o de Mena, construida por Juan de Vallejo, en 1545, con planta cuadrada cubierta con bóveda de crucería estrellada, a instancias del canónigo Francisco de Mena, fallecido en 1553 y cuyo sepulcro renacentista, con estatua yacente y un precioso relieve policromado que representa la Venida del Espíritu Santo, se halla adosado al muro derecho; preside la estancia un buen retablo manierista, atribuido a Diego Guillén, influenciado por las tallas del retablo mayor de la catedral, y que consta de tres cuerpos y cinco calles, ocupando la calle central, coronada por la figura del Padre Eterno, el grupo escultórico del Entierro de Cristo y las tallas de San Jerónimo penitente y de Cristo atado a la columna.

- Claustro bajo: El claustro bajo, que durante siglos sirvió de cementerio, fue construido unos diez años antes que el sobreclaustro y, a pesar de haber sido rebajados sus suelos, es bastante menos esbelto. Fue restaurado, según muchos casi reinventado, por Vicente Lampérez, entre 1899 y 1911, que siguiendo los criterios “puristas” de Viollet-le-Duc, rebajó los suelos y repuso las tracerías en sus arcadas, excepto en las de la galería sur que servía de pasaje público paralelo a la calle La Paloma. También colocó ángeles junto a los pilares y vidrieras de mosaicos multicolores, realizadas por Juan B. Lázaro y Clemente J. Bolinga, en las arcadas de ambas plantas. Actualmente esta plata baja alberga un centro de interpretación de la construcción de la catedral y, en sus galerías y en la capilla-cripta de San Pedro, que se considera perteneció a la desaparecida catedral románica y a la que se accede desde la galería norte, se exponen restos arqueológicos y escultóricos pertenecientes a dicha catedral románica, o desechados en las sucesivas restauraciones de la gótica, maquetas de la catedral románica y paneles informativos sobre los procesos de construcción y restauración de la catedral gótica.

4. IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE BARI

La Iglesia de San Nicolás de Bari, frente a la catedral de Burgos, fue levantada en 1408 sobre otro templo románico.

Se accede por una puerta, bajo dosel gótico, en cuyo tímpano está presidido por la figura sedente de San Nicolas, y las figuras de San Sebastián y el descabezado santo Burgalés San Vitores. La portada se atribuye a los Colonia, maestros de cantería. Las puertas de madera, de estilo plateresco, pertenecen al siglo XVI.

La cara exterior de la Iglesia de San Nicolás de Bari destaca por su sobriedad, pero no así la interior. Aunque es una iglesia sencilla, sin ábside, deslumbra por sus elementos ornamentales y arquitectónicos obra de la triple generación de los Colonia. El principal, el impresionante retablo labrado en piedra. Este retablo es uno de los más impresionantes y monumentales del Arte del Renacimiento Castellano, realizado en el siglo XV en el taller de Simón de Colonia, diseñado por él y realizado por su hijo Francisco.

La imagen de San Nicolás, realizada por Francisco de Vitoria, preside este prodigio realizado en piedra, parcialmente policromada. Tiene tres calles. La central, más amplia, se divide en dos cuerpos. La parte inferior, sobre la que reposa la imagen de San Nicolás, recrea la vida del santo. Francisco de Colonia reservó la predela para honrar a los comitentes de este retablo, Gonzalo López de Polanco y su esposa Leonor de Miranda. Sus imágenes aparecen representadas junto a dos ángeles y junto a los escudos de su familia. Los restos de la familia Polanco descansan a los pies del retablo.

A la altura de los capiteles de los dos primeros pilares de la nave central se colocó, para contrarrestar el peso de las naves laterales, lo que se conoce como el arco de los querubines. Ángeles y cabezas de serafines adornan esta pieza de piedra de Juan de Vallejo.

También de gran interés son sus sepulcros góticos, el arco renacentista de María Saez de Oña y Fernando de Mena y las tablas de la Escuela Burgalesa del Maestro de San Nicolás.

~ por lostonsite en marzo 28, 2010.

5 comentarios to “Cuando la religión construyó su arquitectura”

  1. Excelente página. Acabo de estar una mañana en Burgos y lamento no haber leído primero esta página. Me servirá para la próxima vez. Saludos desde un pueblo próximo a Alcalá de Henares.

  2. Muy interesantes reportajes, mis felicitaciones. Ha sido un honor comprobar que el cuadro genealógico de las personas reales enterradas en el Monasterio de las Huelgas que yo escaneé de la guía y modifiqué añadiendo los cuadraditos rojos ha sido utilizado para este reportaje… Como complemento citar que originariamente se realizó para el foro de Dinastías Reales y actualmente para el foro de Enterramientos Reales (http://enterramientosreales.forogratis.es/index.html) al cual quedáis tod@s invitad@s. Saludos¡

  3. Muy bien planteado, fotos preciosas.

  4. Excelente reportaje y muy detalladas páginas arquitectónicas. Es una pena que las fotos presentadas no sean de mayor calidad o estén algunas con trazados en negro para que no se puedan copiar.

    • Hola Fede, gracias por tu comentario.
      Algunas de las fotografías de este post son fotomontajes que realicé durante mi visita a Burgos, por eso aparecen con un fondo negro. No era mi intención crear trazados negros para que no se pudiesen copiar. Si está interesado en alguna foto en concreto, le podría enviar el original con una mejor resolución.
      Saludos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 89 seguidores

%d bloggers like this: